CAPÍTULO 7: IMÁGENES HUMANAS DE LO DIVINO
Este capítulo es bastante chocante para
mi, ya que no me esperaba tratar lo icónico-religioso, sin embargo, pienso que
es algo interesante sobre lo que es bueno formarse y conocer.
El ser humano ha necesitado desde el
inicio de su existencia conocer el origen. Esto explica que cada pueblo,
sociedad,…, haya buscado sus propios seres extraordinarios para justificar así
sus orígenes y así darle sentido a su existencia.
Cada religión o culto tiene sus propios
símbolos e imágenes identificativas. En el caso del cristianismo, en sus
inicios los cristianos eran perseguidos, por lo que utilizaron símbolos
herméticos, como el pez, que demostrasen su pertenencia a la comunidad
cristiana pero sin levantar sospechas. A diferencia del texto escrito, las
imágenes poseen una polisemia infinita, por lo que no podían ser juzgados de
ser cristianos por llevar un pez en sus prendas.
La Iglesia no aceptaba en sus inicios las
imágenes, la representación icónica de sus ideales o creencias, pero más tarde
se dio cuenta del poder adoctrinante de las mismas, por lo que comenzaron a
permitir su uso y creación, eso sí, bajo su filtro, no todo vale. Las imágenes
podían transmitir el evangelio a todo el mundo, de forma rápida, eficaz y
atractiva; de ahí que no dejasen pasar el poder icónico y fuese aceptado e
incluso requerido.
“Ninguna imagen es nuestra e inocente”
(p.13). Importante reflexionar sobre ello.
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