Autor: Umberto Eco

Año: 2005
El control del
país es un objetivo primordial por parte de las fuerzas políticas. Según Eco
(2005) hasta hace poco este poder se ejercía con el control del ejército y la
policía, sin embargo, hoy en día el control del país se logra con el control de
los medios de comunicación. Y es que la sociedad actual se define como la
“Sociedad del Conocimiento” (Krüger, 2006), término con origen en el año 1960.
En esta sociedad lo que prima por delante de todo es la información y el
conocimiento, es el principal bien. McLuhan afirma que “la información ha
dejado de ser un instrumento para producir bienes económicos, para convertirse
en el principal de los bienes” (Eco, 2005). De ahí que los medios de comunicación
sean un bien preciado que debe controlar todo aquel que desee dirigir e influir
en el pensamiento de los ciudadanos.
Ejemplo de
ello es el actual presidente de los Estados Unidos, Donald John Trump, votado
por la mayor parte de los ciudadanos estadounidenses. Sin embargo, parece todo
lo contrario, que todo el pueblo de Estados Unidos lo odia y no lo quiere en la
presidencia, ¿cómo es posible esto? Es verdad que muchos lo odian, pero la
mayoría de la gente lo votó para presidente. Lo que ocurre es que Trump tiene
en contra a prácticamente todos los medios de comunicación, los cuales sacan
todos los días noticias negativas sobre él para que el mundo tenga una
percepción negativa del mismo. Y así ocurre, todos ven a Trump como un ser
odioso e inhumano. Si por el contrario los medios de comunicación de masas
estuviesen a su favor y sacasen noticias positivas o simplemente diesen un
carácter positivo a lo que hace crearían en nosotros una imagen del presidente
totalmente diferente a la actual, a pesar de que sus actos fuesen los mismos.
Trump sabe de la importancia de la información para su poder y por ello intenta
combatir tales medios con información, esencialmente a través de twitter. Como
se ha dicho, lo que antes podría haber sido una guerra de balas, ahora es una
guerra de información, que es la fuente de mayor poder de nuestra
sociedad.
Según Eco
(2006) los apocalípticos ven en los medios de comunicación de masas
(televisión, periódico,…) objetos de una ideología, o más bien son una
ideología. Estos medios pretenden hacer accesible la información a individuos
de todas las clases sociales, con gustos variados y una educación diferente, lo
que acaba con la libertad del escritor. Los apocalípticos son una de las dos
posturas que Eco analiza en su obra “Apocalípticos e Integrados”, donde además
de la comentada posición también analiza a los denominados “integrados”, que
son aquellos que ven en los medios de comunicación de masas algo beneficioso.
Sin embargo, los apocalípticos ven en la cultura de masas, impuesta por los
medios de comunicación de masas, el fin de las diferencias entre los hombres y
las culturas, ya que pretenden transmitir información para todo el mundo de
manera uniforme y homogeneizar a la población.
Hay
comunicación de masas cuando la fuente es única, centralizada, estructurada
según los modos de la organización industrial; el canal es un expediente
tecnológico que ejerce una influencia sobre la forma misma de la señal; y los
destinatarios son la totalidad de los seres humanos en diferentes partes del
globo (Eco, 2005, p.4).
El problema
está en que aunque la información transmitida es la misma para todos, no todos
los ciudadanos la interpretan igual. El código tiene un papel relevante en esto,
ya que códigos diferentes conllevan interpretaciones diferentes. Según Eco
(2005) “el universo de la comunicación de masas está lleno de estas
interpretaciones discordantes”.
Ante la fuente
industrializada y mensaje único que pretenden conseguir los sistemas de
comunicación, según Eco se ha de luchar por sistemas de comunicación
complementarios que permitan llegar a cada grupo humano particular en función
de sus códigos particulares para que así la audiencia pueda controlar el
mensaje y sus interpretaciones. Eco apuesta por una guerrilla de medios de comunicación
alternativos a los medios de masas y con ello evitar que tales medios den forma
a la voluntad de los individuos.
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